El Trastorno de Estrés Post-Traumático
El Estrés Post-Traumático
¿Qué es el trastorno de estrés post-traumático?
El trastorno de estrés postraumático es una enfermedad de salud mental desencadenada por una situación aterradora, ya sea que la hayas experimentado o presenciado. Los síntomas pueden incluir reviviscencias, pesadillas y angustia grave, así como pensamientos incontrolables sobre la situación.
Muchas personas que pasan por situaciones traumáticas quizás tengan dificultad temporaria para adaptarse y afrontarlas, pero con el tiempo y el autocuidado generalmente mejoran. Si los síntomas empeoran, duran meses e incluso años, e interfieren con tus actividades diarias, es posible que tengas trastorno de estrés postraumático.
Obtener un tratamiento efectivo después de que se manifiesten los síntomas de trastorno de estrés postraumático puede ser esencial para reducir los síntomas y mejorar el funcionamiento.
Síntomas:
- Síntomas de intrusión (que interrumpen de forma no deseada e inesperada): Se reexperimenta la situación traumática en el presente en forma de recuerdos, flashbacks o pesadillas, acompañados de fuertes y abrumadoras emociones y sensaciones físicas intensas y a veces disociativas.
- Síntomas de evitación: Evitación de pensamientos, recuerdos, actividades, situaciones o personas que evoquen el trauma.
- Alteraciones negativas cognitivas y del estado de ánimo: tales como pérdida de memoria respecto a aspectos de la situación traumática, creencias negativas persistentes y exageradas sobre uno mismo, los demás y/o el mundo. Sentimiento de desapego o extrañamiento sobre los demás. Estado emocional persistentemente negativo (sentimientos de miedo, terror, enfado, culpa, vergüenza, entre otros). Incapacidad persistente de experimentar emociones positivas. Disminución del interés y/o participación en actividades significativas.
- Síntomas de alerta y reactividad: Percepción persistente de peligro, que se manifiesta en una hipervigilancia y/o sobresaltos a estímulos repentinos.
Los síntomas anteriormente descritos producen un deterioro significativo del funcionamiento, como problemas en el ámbito laboral y/o académico y también en las relaciones interpersonales.
→ Criterio temporal: la duración de los síntomas descritos es superior a un mes.
– La mayoría de las personas experimentará algunos de los síntomas descritos durante el primer mes luego del trauma, pero estos suelen presentarse sólo en forma moderada y tienden a remitir luego del primer mes. Por lo que es importante no patologizar de manera inmediata las reacciones iniciales posteriores a un trauma.
→ Inicio retardado: Es importante tener en consideración que en algunos casos es posible que los síntomas de TEPT no se presenten inmediatamente después del suceso traumático. Luego de un trauma, pueden pasar semanas, meses e incluso años antes de que se manifiesten los síntomas necesarios para cumplir con el diagnóstico.
Trastorno de Estrés Agudo
También es un trastorno de salud mental que puede aparecer luego de la experimentación de un trauma. Aunque comparte los mismos síntomas del TEPT, presenta ciertas diferencias:
– Duración temporal: va de los 3 días al mes posterior a la exposición de un evento traumático. Recordar que, si los síntomas persisten por más de un mes, el diagnóstico correspondiente es el de TEPT y que a diferencia del Trastorno de Estrés Agudo en que se contabilizan los síntomas a partir de los 3 días posteriores al evento traumático, los síntomas de TEPT pueden no presentarse de manera inmediata, por lo que para el diagnóstico no es importante cuándo aparecen, sino cuánto tiempo estén presentes.
– Síntomas: los síntomas antes mencionados están presente de manera intensa y se acompaña de síntomas disociativos; tales como amnesia (pérdida de memoria), despersonalización (sensación de pérdida de familiaridad con uno mismo, o de estar desconectado o separado de uno mismo) y/o desrealización (pérdida de la sensación de familiaridad con el entorno conocido, estar desconectado o separado del entorno).
Es importante considerar para niñ@s y adolescentes algunas manifestaciones particulares del TEPT que no suelen observarse en adultos, como conductas regresivas (pérdida de control de esfínteres y del lenguaje adquirido), rechazo a separarse del cuidador y juegos estereotipados relacionados con el trauma.
¿Qué se considera como un trauma?
El trauma puede entenderse como cualquier exposición a la muerte o amenaza de muerte inminente, lesiones físicas graves o agresión sexual, experimentada en primera persona, como testigo ocular, como alguien que se entera súbitamente de la ocurrencia de un trauma en un familiar o amigo cercano o como trabajador expuesto repetitivamente a escenas traumáticas en virtud del trabajo (ej. policías, bomberos).
Sin embargo, es importante enfatizar la tendencia espontánea a la recuperación emocional y no patologizar de manera inmediata las reacciones iniciales de una persona luego de un evento traumático.
¿Por qué algunos individuos desarrollan un Trastorno de Estrés Postraumático y otros no?
El desarrollo del diagnóstico de Trastorno por Estrés Postraumático no depende sólo de la experiencia traumática en sí, sino también de factores individuales como la genética, la personalidad o la preexistencia de trastornos psicológicos previos y factores sociales, tales como la cultura y apoyo social percibido luego del evento.
Factores de riesgo para el desarrollo de un trastorno psiquiátrico luego de un trauma
- Ser del sexo femenino
- Contar con antecedentes psiquiátricos
- Alta percepción de riesgo vital durante el trauma
- Baja percepción del apoyo social posterior al trauma
- Presencia de secuelas físicas
- Alta percepción de estrés psicosocial; tales como tener un bajo nivel socioeconómico, educacional, de salud y de seguridad social
- La situación o evento traumático es ocasionado por la acción intencional de terceros (violaciones, asaltos, guerra, terrorismo, etc.)
Trayectorias luego de un trauma

Durante los primeros días o semanas luego de un suceso traumático, la mayoría de las personas experimentan:
– Reacciones emocionales intensas, perturbadoras e inesperadas: aflixión, ansiedad, nerviosismo, irritabilidad, abrumación, entre otras.
– Cambios en los patrones de pensamiento y comportamiento: pueden experimentar recuerdos intrusivos sobre el evento que deriven en reacciones físicas tales como sudor o aceleración del ritmo cardíaco. También pueden experimentar dificultades para concentrarse o tomar decisiones. Asimismo, es común que se presenten cambios en los patrones de sueño y apetito;algunas personas aumentan sus horas de sueño e ingesta de comida, mientras que otras pierden el sueño y el apetito.
– Sensibilidad a cambios en el ambiente: algunos estímulos tales como sonidos fuertes (ej. sirenas, bocinas de los autos) u otros, pueden traer los recuerdos del evento traumático y generar cierta ansiedad. Asimismo, se puede sentir miedo de que el evento se recordará, y por eso algunas personas experimentan comportamientos evitativos frente a claves que los hagan recordar el trauma.
– Conflicto en las relaciones interpersonales: pueden producirse mayores y más frecuentes desacuerdos con personas de la familia, amigos o compañeros de trabajo. A la vez, experimentar deseos de estar aislado y desconectado de las actividades sociales cotidianas.
– Síntomas físicos relacionados al estrés: experimentar dolores de cabeza, en el pecho o náuseas. Para algunos de estos síntomas quizás sea necesaria la atención médica. Condiciones médicas preexistentes podrían verse afectadas por el evento traumático.
TRATAMIENTO
Como se indicó anteriormente, son múltiples las trayectorias que una persona que vivenció una situación traumática puede seguir, por lo que el manejo del trauma será inespecífico las primeras dos semanas posteriores al evento y recién se incorporarán técnicas específicas a partir de la tercera semana.
Para las dos primera semanas post-trauma, el tratamiento a elección son los Primeros Auxilios Psicológicos (PAP):
- Se caracteriza por ser “una respuesta humana de apoyo a otro ser humano que esté sufriendo y pueda necesitar ayuda”. No necesita ser aplicada por un profesional de la salud mental.
- Promueve factores informados en la evidencia que favorecen la resiliencia: seguridad, calma, autoeficacia, conexión y esperanza.
Se resume en 5 acciones principales:
- Ofrecer un tiempo razonable de escucha activa: es importante denotar un lenguaje corporal atento, seguimiento de lo que la persona dice y conductas reflejo (copiar o repetir posturas, gestos o palabras).
- Ofrecer ayuda concreta para lograr la calma: promover técnicas de respiración (que incluso pueden ser apoyadas por aplicaciones móviles) u otras técnicas de relajación.
- Ofrecer apoyo en sistematización y priorización de necesidades inmediatas: tales como contacto con familiares, un lugar seguro y protegido, proveer información, protección financiera, asistencia legal, abrigo, entre otras que la situación amerite.
- Ofrecer apoyo para satisfacer las necesidades prioritarias: activación de redes de apoyo y seguridad social disponible.
- Psicoeducación: sobre las reacciones normales frente al trauma, cómo ayudarse y ayudar a otros, cuáles son los signos de alarma y dónde buscar ayuda.
En las personas en las que exista ideación suicida, agresividad marcada hacia terceros, catatonía (inmovilidad casi completa o hiperactividad sin sentido), psicosis o descompensación severa por algún otro trastorno psiquiátrico previo grave, se debe derivar inmediatamente a urgencia psiquiátrica, dado que estas condiciones requieren manejo especializado.
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